Arrebato, una Metáfora. Iván Zulueta

Cámara ArrebatoEn el año 1980 se estrena en el Cine Azul de la Gran Vía de Madrid Arrebato. La película estaba dirigida por Iván Zulueta, un guipuzcoano de treinta y tantos años que ya había realizado un largometraje (Un, dos, tres, al escondite inglés), numerosos cortos (A Mal Gam A, Mi ego está en Babia, Souvenir, Ventana discreta, Kinkong y Leo es pardo) y el programa Último grito. Además, Zulueta alternaba esta actividad con el diseño y la pintura de carteles de películas.

Arrebato partió de Leo es pardo, que Zulueta realizó en un fin de semana y con un gasto mínimo. El cortometraje se creó como prueba de que era posible llevar a cabo una idea sin apenas dinero, medios técnicos ni equipo especializado.

Y así, salió Arrebato, un largometraje con un plan de rodaje de 15 días, cerca de cuatro millones de pesetas de presupuesto y un guión que versa sobre la creación cinematográfica y la drogadicción.

El protagonista, José Sirgado, es un director de cine en plena crisis personal. Su segundo largometraje, en fase de montaje, no acaba de convencerle y se encuentra en proceso de desintoxicación de la heroína y de su ex pareja, Ana. Sin embargo, a la vuelta del trabajo, en casa, un extraño paquete lo espera mientras se reencuentra con Ana y la heroína. El paquete lo envía Pedro, un excéntrico joven que conoció meses atrás y que vive obsesionado con la creación cinematográfica. En su interior: una cinta de cassette, una película, una llave y una siniestra historia: Pedro está siendo devorado fotograma a fotograma por su cámara.

Arrebato06

La elección del cine

No solo hacías cine, sino que estabas predestinado a odiarlo intensamente,

tu halo magnético te delataba

Las referencias a la cinematografía son constantes en toda la película. Ya en los primeros minutos, se presenta a José Sirgado en la sala de montaje donde trabaja realizando películas de terror de serie Z. Minutos después, cuando sale de la sala, José le dice a su compañero: -“No es a mí a quien le gusta el cine, sino al cine al quien le gusto yo”, remarcando una relación místico-siniestra entre cine y creador. Tras ello, el personaje vuelve a casa en coche y recorre la Gran Vía madrileña en una secuencia que queda inundada por los carteles de películas de los cines.

También, en los primeros minutos del documental “Iván Z”, Zulueta afirma que no lo ha pasado con nada como viendo películas y demuestra que él y la profesión de cineasta estaban predestinados ya desde pequeño cuando copiaba carteles de cine en los márgenes de sus libretas.

maxresdefault

Pedro se nos presenta como un joven reservado que vive aislado y que accede al mundo a través de su cámara Súper-8. Es ante todo un experimentador, un místico del cine que vive por y para él. Es por tanto la antítesis de José que vive una relación de frustración con el séptimo arte.

Pedro busca a José deseoso de que éste, un cineasta ya experimentado que trabaja en el medio, le ayude a resolver ciertos problemas con el tempo del cine. El protagonista encuentra en Pedro a alguien que es capaz de devolverle la fe en la cinematografía en un momento en que no cree en ella.

José y Pedro funcionan como alter ego del cineasta, son un desdoblamiento de Zulueta. Ambos personajes muestran las contrapuestas sensaciones que Iván siente hacia el cine y los tres son “elegidos” por éste.arrebato-993384901-large

La metáfora de la pausa: droga y cine

Furor causado por la intensidad de alguna pasión.

No duermo, ¿sabes? Tan solo cuando no hay más remedio me meto unos polvos de esos que me rebajan el ritmo”.

Pedro está obsesionado con la pausa, y el principal interés por conocer a José es saber qué hace él con este tempo que José no acaba de entender: -“el talón de Aquiles, el punto de fuga, nuestra única oportunidad”. Posteriormente, en un encuentro  en el que ambos disfrutan viendo un álbum infantil, Pedro une por primera vez la pausa con el arrebatamiento: -“dime, ¿cuánto tiempo te podías pasar mirando esto…? Años, siglos, toda una mañana. Imposible saberlo. Estabas en plena fuga, éxtasis, colgado, en plena pausa. Arrebatado.

La pausa, el arrebatamiento, es una desaparición a la que llega al poner extrema pasión en un objeto, contemplándolo durante horas, alejándose del tiempo y el espacio. A  ese éxtasis llegan los protagonistas con la droga, bien sea chutada, fumada, esnifada o en pantalla grande.

Como espectadores también es posible sentir el arrebatamiento del cine al ver una película en una sala. Al ir al cine aceptamos alejamos de la realidad, las luces se apagan y nuestra mirada va en una sola dirección. Perdemos la conciencia temporal y vivimos otras vidas. Del mismo modo, en su proceso como creadores Pedro y José quedan arrebatados durante de filmación.

La existencia de Pedro gira en torno a la búsqueda y a su vez el intento de control de la pausa. A su vez, todo el filme es una comparación del control de la pausa con el acto de drogarse. El control y manejo de la pausa cinematográfica la conseguirá, fugazmente, a través de un temporizador para la cámara. Maravillado por el nuevo aparato, Pedro, decide abandonar el refugio en el que vive e ir a la ciudad a grabar “nuevos ritmos”. Una vez en Madrid se ve sobrepasado por el ritmo acelerado y abandona la filmación. Sin embargo, tras una temporada decide encerrarse otra vez en el cine: “De nuevo sentía un ritmo. Mi ritmo. Aislarse y renunciar a la gente volvía a ser encantador. Y el cine y yo volvíamos a ser cómplices”. descarga

La metáfora del vampiro.

En el transcurso de la película vemos como el aspecto de Pedro se va transformando, demacrando. La piel palidece, pierde peso e incluso la voz se vuelve más grave. Su imagen recuerda a la de un vampiro. Esta mutación se produce cuando Pedro comienza a socializar, acudir a fiestas y drogarse.

Pero no solo la droga consume a Pedro, sino que el mismo cine, que lo tiene igualmente “arrebatado”, es el que lo acaba destruyendo. Mientras duerme descubre que la cámara se activa y comienza a grabarlo. Cuando revela la película descubre que unos fotogramas rojos al final van aumentando con cada grabación. “El cine constituye el verdadero eje de Arrebato de un modo más intenso y radical todavía: interpretándolo en su vertiente cruel, vampírica, capaz de absorber la vida, aniquilar y devorar a los personajes”. Representado mediante una cámara, el cine devora a Pedro fotograma a fotograma, que consciente del fin de su tiempo (de sus fotogramas) graba su voz contando la historia a su amigo.

Finalmente, tanto Pedro como José, que acude en su ayuda, son atrapados por la cámara: por el cine.

Be first to comment